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martes, 7 de abril de 2026

Tragedias Africanas: Ellis Park 2001

EPISODIO 8 [Por Diego Martín Yamus] El deseo de un hincha de ver un partido de fútbol en cualquier parte del mundo es uno de los elementos que le dan vida al deporte. Pero cuando ese deseo se transforma en locura todo se torna oscuro. Justo diez años después de la tragedia de Orkney en 1991 en el gran choque Kaizer Chiefs-Orlando Pirates, Sudáfrica vivió otra de peores consecuencias entre ambos colosos aquel 11 de abril de 2001 en el mítico Ellis Park de Johannesburgo, en el mejor encuentro de la fecha 29, en medio de una apasionante lucha por el título de la ya extinta NSL Premiership. 

Como casi todas las versiones de un suceso así, la sobreventa de entradas fue la culpable del desastre; se informó de unas 90.000 personas en una cancha con 60.000 lugares de capacidad. Media hora antes del cotejo comenzaron los problemas cuando miles de hinchas sin boleto quisieron ingresar de cualquier forma, agrediendo a personal de seguridad. El jefe del operativo policial llamó urgente por radio pidiendo refuerzos, pero sólo agentes de una unidad cercana al barrio de Soweto donde se jugaba podían ir, mas tardaron mucho en llegar por el inoportuno gran tráfico en los alrededores. Mientras tanto, los alocados fanáticos siguieron ingresando y la Policía arrojó gases lacrimógenos tratando de dispersarlos. Sólo logró desatar lo peor: se produjo una avalancha donde la mayoría quedó aprisionada contra las vallas de alambre de púa que rodeaban al campo. Cuarenta y tres personas dejaron su vida y alrededor de 170 fueron heridas, mientras el partido fue suspendido en el minuto 33 cuando los Chiefs y los Pirates iban 1 a 1. 

Todo empeoró con la demora de las ambulancias por el tráfico, con lo que quienes lograron huir de la trampa mortal fueron evacuados en helicóptero; incluso una ambulancia no pudo llegar porque el andamiaje de una cámara de televisión le cortó el paso. Muchas de las desgraciadas almas estaban tendidas en el césped tapadas con mantas, mientras se seguía solicitando desesperadamente ayuda por micrófono. El horroroso espectáculo era transmitido en vivo por la cadena estatal. Milton Nkosi, responsable de la BBC, describió: “Vi a personas atrapadas debajo de los pies de la multitud, algunos debajo de mis pies; desafortunadamente tuve que caminar por encima de otros para intentar escapar y salvar mi propia vida”. 

Cuatro días más tarde, el 15 de abril, se realizó en el lugar de la tragedia una ceremonia de purificación de los cuerpos, a la que asistió el presidente Thabo Mbeki, otros políticos, jugadores y familiares de las víctimas. Justo en el momento en que, con la figura del ex mandatario Nelson Mandela como cara, Sudáfrica hacía campaña para organizar el Mundial 2010. El vocero de la FIFA, Keith Cooper, manifestó al respecto: “No debemos apresurarnos en culpar al país por este incidente, sólo porque es Sudáfrica”. 

Finalmente, aquel torneo se lo terminaría llevando el Orlando Pirates. Y la figura de Mandela consiguió tres años después que la FIFA le diera al territorio el honor de ser el primero de África en hospedar el Mundial. Quizá fuera un homenaje a esas inocentes almas. Pero semejante triunfo sudafricano nunca puede hacer olvidar muertes de simples hinchas de fútbol, más allá de sus conductas. En las afueras del estadio, una placa conmemorativa con los nombres de los 43 aficionados fallecidos, no dejará nunca de recordar aquel día. Para que no vuelva a pasar...

domingo, 15 de febrero de 2026

Tragedias Africanas: Albert Ebossé

EPISODIO 7 [Por Diego Martín Yamus] Si bien no era conocido, Albert Ebossé Bodjongo venía en 2014 construyendo una buena carrera con sus goles y era protagonista de la liga de Argelia. Tenía una gran carrera y una gran vida por delante. Hasta marcó el gol de su equipo, el popular JS Kabylie, ese 23 de agosto de 2014. Cómo iba a pensar en que el peor destino se le cruzó enseguida con una piedra que le causó una absurda muerte, el dolor de sus amigos y familiares y el repudio general.
El prometedor delantero camerunés había nacido en Douala un 6 de octubre de 1989, y en 2008 había comenzado su trayectoria en el fuerte Coton Sport FC, la que siguió en 2010 en el Unisport Bafang y en 2011 en el de su ciudad, Douala AC. Su capacidad para el gol lo llevó a ser parte de la selección Sub 20 en 2009 y un puñado de partidos con el combinado nacional B. Y al fútbol del exterior, ya que en 2012 fue fichado por el exótico Perak de Malasia, donde dejó un buen promedio de tantos. Enseguida fue el Kabylie quien lo vio y lo trajo para la temporada 2013/14, en la que se ganó el respeto de su gente siendo máximo realizador de la liga argelina con 17 conquistas y enviando a su club al segundo lugar, detrás del USM Argel.

Ebossé era la gran carta del JSK para ganar el título en la 2014/15. Pero esa fecha 2 ocurrió lo inesperado, cuando el Kabylie perdió 1-2 con el USM (tanto del camerunés). Los hinchas locales, molestos con la derrota y la tarea de sus jugadores, arrojaron piedras a la cancha, una de las cuales le pegó en la cabeza al infortunado futbolista, que horas después y a pesar de su rápida internación dejó este mundo.

El estupor y la tristeza invadieron al fútbol del país. La Federación suspendió toda actividad y ordenó la clausura del estadio 1 November 1954, mientras la Confederación Africana (CAF) bajó al Kabylie de toda competencia internacional por dos años. Una autopsia reveló que Ebossé podría haber fallecido de un severo problema cardíaco y no de esa piedra. El entonces presidente de la CAF, el también camerunés Issa Hayatou, manifestó: “Mis pensamientos están con la familia y amigos de este joven que disfrutaba de su trabajo en paz y quiso ir un paso más allá para dedicarse a su pasión por el fútbol en el extranjero”. Mientras tanto, el periodista Maher Mezahi dijo: “En este momento todos los recuerdos de la Copa del Mundo se olvidan”, en referencia a la gran actuación de la selección en Brasil, la que llegó a octavos de final perdiendo en tiempo suplementario con el futuro campeón Alemania.

Sólo un mes pasó de semejante dolor y el 12 de septiembre el campeonato se reanudó. Como era lógico, se hizo un minuto de silencio en cada encuentro por la memoria de Ebossé. Ese minuto igual a aquél que se cobró su rica y prometedora vida.

lunes, 1 de diciembre de 2025

Tragedias Africanas: Desastre en el Accra Sports Stadium (2001)

EPISODIO 6 [Por Diego Martín Yamus] En los años 60, Ghana era una de las potencias dominantes del fútbol de África. Por dar un ejemplo de su poderío, ganó dos Copas de Naciones seguidas en 1963 y 1965. La del 63 tuvo al Accra Sports Stadium como escenario principal y vio la primera consagración de las Black Stars. Igualmente fue sede de la edición de 2000 en el país. Nadie iba a imaginar que casi un año más tarde, el Accra sería escenario, pero de una tragedia de duras consecuencias.
El legendario recinto, inaugurado en 1962, había sido renombrado Ohene Djan, en reconocimiento al primer ministro de Deportes de la nación y fundador de la primera liga, entre otros hitos. El 9 de mayo de 2001 se enfrentaban el local Hearts of Oak y el Asante Kotoko, los dos clubes más grandes de la historia ghanesa, protagonistas de finales de Copas de África de ese tiempo. Se sabe que sus parcialidades son revoltosas y es así que amenazaban con provocar violencia, por lo que se reforzaron las medidas de seguridad que incluían policía especial. No sólo no serviría de nada, fue el detonante de una jornada nefasta.

Faltando muy poco para el final, Hearts of Oak marcó dos goles y dio vuelta el marcador para imponerse 2 a 1. Eso motivó que los hinchas visitantes comenzaran a tirar butacas de plástico y botellas a la cancha. Enseguida actuó pésimamente la Policía, como sucede muchas veces, arrojando indiscriminadamente gases lacrimógenos y disparando balas de goma a la tribuna. Entonces ocurrió lo peor: los irritantes gases hicieron entrar a la gente en pánico, se produjo una avalancha y 127 inocentes perdieron la vida por asfixia o por compresión. Los que quisieron escapar encontraron para colmo las puertas cerradas. Y para colmo, el personal médico se había ido antes del lugar, según informes, porque restaba poco para el cierre.

El después de los luctuosos hechos apareció como siempre. El Instituto de Arquitectos de Ghana calificó al estadio de “trampa mortal”. Una investigación culpó el accionar de la Policía y, también, funcionarios deshonestos. Seis responsables del orden fueron acusados por las víctimas, pero un tribunal no los condenó al establecer que los decesos fueron por la estampida humana y no por los gases. Una comisión investigadora sugirió mejoras en las instalaciones de seguridad y en los servicios médicos (por suerte…) y que se crearan equipos de respuesta a emergencias en el territorio nacional.

El más apropiado paquete de medidas fue el de honrar las almas. El presidente ghanés John Agyekum Kufuor ordenó tres días de duelo, mientras la liga fue suspendida un mes. Enseguida comenzaron los homenajes con distintas actividades que siguen hasta hoy; una estatua de bronce fue puesta en el exterior del recinto, mostrando un hincha llevando a otro y la leyenda “yo soy protector de mi hermano”. Y quienes van frecuentemente al lugar donde Ghana fue campeón por primera vez cantan “nunca más, nunca más” por ese día. Un día en que ocurrió la tercera peor tragedia en la historia del país. Un día en que no debió haber ocurrido.

miércoles, 8 de octubre de 2025

Tragedias Africanas: Estampida en Camerún

EPISODIO 5 [Por Diego Martín Yamus] Por fin, Camerún iba a celebrar ser en 2022 la sede de la legendaria Copa Africana de Naciones, que por problemas de estructura no había podido concretar esos años. Aquel enero y febrero, el majestuoso estadio Omnisports Paul Biya, que debe su nombre al presidente de la nación, iba a ser uno de los escenarios de la fiesta. Pero la desgracia sacó entrada una noche y empañó con vidas el torneo, justo cuando el local ganaba ante Comoras en los octavos de final.

Los Leones Indomables, siempre candidatos, llegaban con sed de desquite a su CAN luego de ser campeones en 2017 y ser bajados por Nigeria en octavos de 2019. Por eso ese 24 de marzo había gran expectativa y una multitud colmó el nuevo recinto para verlos ante la gran revelación Comoras. El local venía con triunfo en el Grupo A y dos figuras notorias: Karl Toko Ekambi y el consagrado Vincent Aboubakar. En cambio su exótico rival entró por la ventana del Grupo C porque tras dos caídas, batió en emotivo cierre a Ghana y logró meterse entre los mejores 16. Pero estaba todo listo para ver una noche de puro festejo de los cameruneses.

La noche fue en cambio trágica. El cuarto encuentro de octavos en el Paul Biya debía comenzar a las 20 horas del país. Rato antes, se produjo una avalancha en la entrada Sur del estadio, inexplicablemente cerrada, y agentes de seguridad derivaron hinchas hacia otro portón de acceso para despejar el lugar. Pero justo los llevaron a otra entrada cerrada. De pronto les abrieron el portón, y allí la locura: los que estaban afuera empujaron a los que habían sido derivados y la nueva avalancha dejó ocho fallecidos y 38 heridos, siete en estado crítico.

Increíblemente, el show fue continuado y Camerún batió 2 a 1 a Comoras, con goles justamente de Toko Ekambi y Aboubakar, descontando M’Changama. Ni la victoria y el pase a cuartos ocultó ese doloroso cuadro. Mientras ese dolor teñía la Copa, la Organización Mundial de la Salud (OMS) manifestó que todo podía haberse evitado si los hospitales que recibieron a las víctimas estuvieran mejor entrenados para estos imprevistos y hubieran contado con un plan de manejo de la situación. 

Biya, cuyo apellido llevaba el lugar, envió sus condolencias a las familias y ordenó investigar el hecho. La Confederación Africana (CAF) focalizó su propia investigación en quién cerró el fatídico portón sur; su presidente, el sudafricano Patrice Motsepe, opinó con dureza que la tragedia debió haber sido prevenida y tal pérdida humana nunca más ocurriría. Paradójicamente, días después el estadio, sancionado por la entidad, fue redimido de la medida y albergó la semifinal que precisamente Camerún perdió con Egipto por tiros desde el punto penal. Aquel 2022, más que nunca y desobedeciendo semejante dolor, el show del fútbol debió continuar.

martes, 12 de agosto de 2025

Tragedias Africanas: Port Said 2012

EPISODIO 4 [Por Diego Martín Yamus] A comienzos de los años 2010, una muerte de un joven en Túnez fue el detonante de una serie de revueltas sociales en el Norte de África y parte de Asia, recordada como la “primavera árabe”. La gente, harta de la mala situación social en varios países, empujó al final a los dictadores que la sometían. Todo quedaría en el ítem político. Desgraciadamente, el conocido fundamentalismo de esa zona llevó a que la primavera árabe generara una de las mayores tragedias del fútbol mundial. Esa primavera que era para liberación fue la que en Port Said (Egipto) se cobró la vida de 74 inocentes que sólo iban a ver un partido de fútbol, aquel nefasto 1 de febrero de 2012 entre Al Masry y el supercampeón del continente Al Ahly.

Las agitaciones comenzaron, se considera, el 17 de diciembre de 2010 cuando el joven vendedor ambulante Mohamed Bouazizi fue despojado por la policía de su mercadería y su dinero, y decidió inmolarse. El pueblo se levantó en protesta y tras su muerte, logró la renuncia del presidente Ben Ali, que gobernaba desde 1987. En otros lugares el triste hecho produjo un contagio y así el reclamo popular bajó del pedestal al libio Muamar Al Gaddafi, al sirio Bashar Al Assad, al líder en Yemen Ali Abdullah Salehy al argelino Abdelaziz Buteflika. Y en Egipto, aquel febrero de 2011 una gran masa se manifestó en la plaza de Tarir en El Cairo para destituir a Hosni Mubarak, mandamás desde 1981. Entre esa masa había muchos hinchas del Al Ahly, algunos gestores de la protesta, que dio resultado con la renuncia de Mubarak días más tarde. Supuestamente la paz volvía a esa tierra. Pero gente de otro popular club, Al Masry de Port Said, pensaba totalmente distinto. Y pensar distinto en estos países puede ser letal. Como lo sería menos de un año después en el estadio de esa ciudad, en el partido por la liga local de primera división.

Los locales y partidarios del depuesto Mubarak orquestaron todo para la catástrofe. Dos días antes del encuentro, subieron a YouTube una canción amenazante contra su rival. Ya ese miércoles, el mismo se demoró en arrancar media hora cuando invadieron adrede el campo, lo que repitieron en el entretiempo y, luego del primer gol visitante, en los tres de su equipo. Al mismo tiempo tiraron piedras y botellas, y hasta uno entró con una bengala. El árbitro decidió interrumpir las acciones, pero luego las reanudó. Al Masry dio vuelta el marcador con dos goles antes de los 83 minutos y varios fanáticos ingresaron detrás del arco de Al Ahly. El técnico portugués de los Diablos Rojos, Manuel José, advirtió a sus suplentes y ayudantes: “Ni bien pita el juez corremos al vestuario”. En tiempo agregado el ganador marcó el 3-1 final. Final del fútbol, comienzo de la pesadilla hecha realidad. Los enloquecidos hinchas volvieron a invadir la cancha y persiguieron a los visitantes tirándoles botellas y bengalas. Los futbolistas y sus entrenadores lograron llegar protegidos por la Policía, mientras los de Al Masry arremetieron contra los de Al Ahly y los asesinaron con cuchillos y palos, o arrojándolos de las tribunas, mientras los que querían escapar se toparon con las puertas cerradas y fallecieron por asfixia. No conformes con cometer sus locuras en el estadio, otros fueron detrás de las ambulancias que llevaban heridos al hospital, las abrieron y les quitaron la vida. El desastre se llevó 74 personas, 72 visitantes, un policía y uno del local, y entre 500 y 1000 heridos.

Un argentino fue triste testigo presencial de todo: Oscar Elizondo, un cordobés ayudante de Manuel José, era encargado de filmar los partidos para analizar los rivales. Esa noche José le pidió no hacerlo. Y cuando fue el cierre, corrió junto a los suyos y recibió un puntapié y cayó, pero se levantó y continuó al vestuario, no sin sentir una piedra que le rozó la cabeza. Estuvo con el plantel encerrado tres horas en el camarín ocupado por unos 500 hinchas visitantes y debió meterse en el baño a hablar con medios argentinos que lo llamaban a su teléfono; mientras tanto, cuatro jóvenes fallecían frente al plantel. Horas más tarde la delegación se fue en una tanqueta militar y luego un avión de ese rango los dejó en El Cairo.

El luctuoso hecho no sólo se cobró vidas inocentes, perjudicó al fútbol de Egipto, el país más ganador de África. Se suspendieron este y el siguiente campeonato. El primer ministro Kamal Ganzuri disolvió la Federación y removió al gobernador de Port Said. El presidente del Al Ahly Hassan Hamdy suspendió toda actividad deportiva, anunció no jugar más en Port Said por cinco años y 40 días de duelo, además de abrir una cuenta bancaria para compensar materialmente a las familias de las víctimas. Manuel José renunció y contó que vio un cartel en la tribuna local que decía “los vamos a matar a todos”. Criticó a la policía y al árbitro por no parar el partido. También el presidente del Al Masry, Kamel Abu Ali, y el entrenador, el glorioso Hossam Hassan, dimitieron. Otros tres grandes del fútbol egipcio, Mohamed Aboutrika, Mohamed Barakat y Emad Moteab, figuras del Ahly, decidieron retirarse. El mandatario de la FIFA Joseph Blatter envió condolencias a las familias y declaró “hoy es un día negro para el fútbol”. Mucho más ligeramente, el capitán del Masry Karim Zekri y su hermano Mohamed acusaron a la policía, los militares y el ex régimen por incitar a la tragedia, argumentando falta de controles en el acceso, luces apagadas y puertas cerradas del estadio.

Días después, Elizondo debió consultar a su psicóloga, Patricia Ramírez. Ésta le recomendó: —Cuánto antes denles descanso a los jugadores, traten de sacarlos de ese entorno y no hablar del tema hasta que estén más tranquilos. Deben tratar de evitar los síntomas del síndrome de estrés postraumático”. No era suficiente; su esposa Laura contó que él no podía dormir bien. Oscar describió: “Es que esos minutos en el vestuario fueron los peores de mi vida. Nunca había tenido la sensación de pánico que te hace reaccionar de forma casi instintiva. Fue horrible ver la gente ensangrentada, herida, oírla gritar. Son imágenes que me quedarán grabadas por siempre.” Y agregó: “Y cuando vi las imágenes del tren llegando con los cadáveres a El Cairo tomé real dimensión de lo que nos habíamos salvado. Pero ese tren con cadáveres no fue lo más duro, lo más duro fue ir dando el pésame padre por padre de cada una de las víctimas en el velatorio oficial que organizó el club.” Poco después se fue a su residencia en Chiclana de la Frontera, España: “Me agarró un bajón. Se me juntaron la ansiedad de querer volver a trabajar con la hipersensibilidad que me había quedado después de la tragedia. Lloraba por cualquier cosa”. Sin embargo, Elizondo manifestó entonces sus ganas de regresar a Egipto: “Volvería con los ojos cerrados. Me siento con ganas de volver. Lo que pasó ese día no empaña mi paso por Al Ahly sino que ahonda mi sentimiento para con el club”.

El 26 de enero de 2013, un tribunal de Port Said condenó a pena de muerte a 21 personas y a otras a diversas penas en prisión. Manifestantes protestaron al día siguiente y hubo 30 fallecidos y varios heridos en enfrentamientos con la Policía. Egipto vivió la peor derrota de su riquísima vida, sólo por el hecho de que unos pensaran diferente de otros. Todos los años, Al Ahly realiza un recordatorio de esos inocentes cautivos de aquella primavera árabe que supuestamente era de liberación. Y pensar que su gente entona en cada encuentro un cántico que dice: “El día que te deje de apoyar será sin dudas porque estaré muerto”. Una real tragedia, mucho peor que una derrota en un partido de fútbol.

lunes, 30 de junio de 2025

Tragedias Africanas: Togo 2010

EPISODIO 3 [Por Diego Martín Yamus] Ninguna acción bélica tiene justificación, ya sea entre bandos enemigos o contra inocentes. En África han sido lamentables costumbres las guerrillas y otras formas de terrorismo para presionar por quién sabe qué intereses. Así sucedió lo que no debió ser en 2010 en Angola, a poco de comenzar una nueva Copa Africana de Naciones (CAN), y fue contra quien no debía ser, un grupo de inocentes, la selección de Togo que se preparaba con ilusiones de realizar una buena tarea.
El país del oeste africano estaba en ascenso tras su épica entrada al Mundial de Alemania 2006 sobre Senegal, liderado por el gran Emmanuel Adebayor. Aunque no pudo clasificarse a la CAN Ghana 2008, sí lo hizo para la cita angoleña al quedar tercero detrás de Camerún y Gabón en el Grupo A. El sorteo del certamen lo colocó en el fuerte Grupo B con tres clásicos vecinos: Costa de Marfil, Ghana y Burkina Faso.

La sede de sus encuentros grupales era la provincia de Cabinda, una de las 21 del territorio angoleño, que desde hace años está bajo amenazas del grupo separatista Frente para la Liberación del Enclave de Cabinda, que de esa absurda forma reclamaba más atención del gobierno nacional por la presencia de grandes yacimientos de petróleo. Pero nada justifica la locura de decidir la vida de gente que nada tenía que ver con ellos ni sus ambiciones.

El 8 de enero de 2010, Togo viajó en ómnibus desde Congo, donde había realizado una concentración, a Angola para estar el 11 frente a los ghaneses. Sin embargo, el loco bando desvió su camino de la forma más trágica. Apenas el ómnibus pasó de Congo al enclave de Cabinda, el Frente empezó a disparar con ametralladoras durante casi 20 minutos. Se cree que la presencia de las Fuerzas Armadas locales (que acompañaban el transporte) provocó el brutal ataque, que dejó tres fallecidos: el conductor angoleño Mario Adjoua, el asistente técnico Amelete Abalo y el jefe de prensa Stan Ocloo, mientras hubo heridos de distinta consideración, los más graves los futbolistas Serge Akakpo y Kodjovi Obilale, el vicepresidente de la Federación Togolesa Gabriel Ameyi, un periodista, dos médicos y otros cuatro pasajeros. Adebayor, que se salvó de milagro, fue quien asistió a varios de sus compañeros hacia un hospital cercano y manifestó que el atentado fue "una de las peores cosas que me han pasado en la vida.". Por su parte, en principio el famoso Frente se adjudicó la culpa con un comunicado que encima advertía: "Esta operación es sólo el comienzo de una serie de acciones planeadas que continuarán ocurriendo en todo el territorio de Cabinda.".

Pero el dolor no iba a quedar allí. Aún hubo polémica por el viaje en ómnibus; el Comité Organizador de Angola 2010 (COCAN) se atrevió a criticar al combinado: "Las reglas eran claras: Ningún equipo debe viajar en bus. No se que llevó a Togo a hacerlo.". Mientras tanto, los destrozados jugadores llamaron a boicotear la Copa y mostraron su desinterés en competir, aunque el mediocampista Thomas Dossevi deslizó que debían hacerlo en memoria de las víctimas. Sin embargo, finalmente acordaron retirarse del torneo, y el gobierno togolés ordenó el inmediato regreso por temor a la seguridad del plantel, a pesar de que su ministro de Deportes había pedido reingresar al certamen en honor de los caídos. Hasta Mozambique, otro de los participantes, pidió medidas de protección. Togo dejó Angola el 10 y al día siguiente fue oficialmente descalificado, con lo que el Grupo B quedó formado por tres países.

Por supuesto las autoridades locales reforzaron enseguida la seguridad de las demás selecciones. El mundo del fútbol africano repudió el ataque, entre ellos el sudafricano Benny McCarthy y el maliense Mohamed Sissoko, en tanto los clubes ingleses Manchester City y Portsmouth mostraron dudas sobre la integridad de sus futbolistas, como también Martin O’Neill, del Aston Villa, que expresó su conmoción en la página web del equipo. 

Igualmente Danny Jordaan, presidente del Comité Organizador del Mundial de Sudáfrica de ese año, aseguró que el hecho no afectaría la seguridad de la Copa del Mundo. A todo esto, Togo estaba en pleno duelo de tres días decretado por su primer ministro. Mucho no le importó a la Confederación Africana (CAF) que apenas si decidió 20 segundos de silencio antes de los encuentros, y un día antes de la final excluyó al país de las siguientes dos Copas Africanas, según alegó por interferencia del gobierno en la Federación. Por suerte tiempo después dejó la medida sin efecto y los togoleses compitieron en las eliminatorias para la edición 2012, a la que no lograron llegar, y 2013, donde sí se clasificaron y en gran tarea arribaron a cuartos de final, eliminados por Burkina Faso.

Un equipo de un juego tan popular y beneficioso para África como el fútbol fue a la Copa de Angola a buscar un buen resultado, quizá como el del Mundial de Alemania 2006. Se llevó un tremendo atentado, un dolor inmenso y un vacío en el alma sin siquiera haber intentado luchar por su objetivo. Y así se fue tristemente de ese evento 2010, debiendo soportar además críticas y sanciones de quienes no padecieron. Todo eso tan sólo por haber querido mostrar su fútbol.

jueves, 29 de mayo de 2025

Tragedias Africanas: Zambia 1993

EPISODIO 2 [Por Diego Martín Yamus] Si la muerte de una persona hace estragos en el alma, qué sentir cuando son 30. Y de ellos, 18 integrantes de un grupo de trabajo. Más aún cuando esos 18 venían formando un histórico momento. La selección de Zambia, tantas veces protagonista, se cayó al Océano Atlántico esa madrugada de 1993 y allí concluyó esa aventura que parecía seguir viaje a su primera Copa del Mundo. Pero que ya había marcado días de éxito cinco años antes en gran tarea en los Juegos Olímpicos de Seúl.
A comienzos de aquel 93, los Chipolopolo (balas de cobre en idioma autóctono) tenían un nivel irregular en su disputa por arribar a Estados Unidos 94, como que habían pasado a uno de los tres grupos decisivos por mejor saldo de gol sobre Madagascar. Mejor iban en camino a otra Copa Africana de Naciones, la de Túnez, torneo que lo veía siempre en el podio. El 25 de abril, dos días antes de su primer encuentro frente a Senegal, los dirigidos por Godfrey Chitalu golearon a Mauricio 3 a 0 y quedaron a tiro de la clasificación que ganarían. El viaje de vuelta a Lussaka, capital zambiana, fue en un modesto avión Buffalo de la Fuerza Aérea que el gobierno solía usar y del que los jugadores no estaban muy conformes. El inolvidable David Efford Chabala, el legendario arquero titular, le dijo irónicamente a una periodista entonces: “Si nos estrellamos y ocurre un milagro, dígale a la nación que el Buffalo no es el mejor avión para estos viajes”. No era un adivino el ex portero de Argentinos Juniors, sabía de qué hablaba. El Buffalo había estado fuera de servicio entre fines del 92 y comienzos del 93 y se lo estaba probando justo con el grupo de futbolistas, que se quejaban de que era ruidoso y volaba bajo.

La noche del 27 de abril, 30 personas, entre ellos 25 que conformaban el plantel y cuerpo técnico, partieron en el cuestionado avión desde Lusaka a Dakar, la famosa capital de Senegal, para empezar a soñar con un triunfo mundialista. Entre ellos varios de los héroes de aquel 4-0 a Italia en Seúl, como Chitalu, Chabala, el medio Makinka o Chansa. El que no iba era su gran figura, Kalusha Bwalya, la razón de esa gesta, que militaba en el PSV Eindhoven en Países Bajos y debía ir por sus medios. Lo mismo el talentoso Charles Musonda, del Anderlecht belga, lesionado en la rodilla. Las autoridades habían establecido tres paradas en el viaje para recarga de combustible. En la primera en Brazzaville, capital de Congo, se detectó una falla en uno de los motores pero se decidió seguir. La segunda fue en Libreville, la de Gabón. Tras la carga, apenas despegó el Buffalo el motor izquierdo se incendió y el piloto apagó el derecho equivocadamente, con lo que la máquina perdió potencia y fue a parar al Océano Atlántico. La investigación concluida en 2003 mostró que la culpa fue de una luz de advertencia defectuosa y del cansancio del piloto. Así de impresionante lo vio una joven francesa llamada Francine, que vivía en un barrio cercano: “Se vio un gran destello amarillo, como el sol”, detalló sobre el incendio.

Kalusha Bwalya estaba en su casa de Eindhoven la mañana del 28, a punto de salir a correr, cuando un llamado de alguien que no reconoció le avisó que no viajara. Extrañado preguntó por qué. “Ha habido un accidente”, le respondieron. Cuando el gran delantero quiso saber más, le repitieron del accidente pero que sus compañeros estaban bien. Kalusha se quedó sentado en su living, perplejo. Y de pronto la televisión mostró la dolorosa realidad: una bandera de Zambia y una mujer dando la fatal noticia. No lo podía creer, no pudo reaccionar, eran sus compañeros de glorias y sus amigos. Enseguida la tragedia recorrió los medios locales. En la Argentina, el diario Crónica tituló “Zambia llora a sus ídolos”, mientras el popular Clarín desplegaba una doble página del suceso y un recuadro con el recuerdo del paso de Chabala un año antes con Argentinos, en un partido por la Supercopa. Por su parte, la prestigiosa France Football, que cada año entregaba el Balón de Oro al mejor de África, también realizó una cobertura de varias páginas. En el país, el presidente Frederick Chibula decretó una semana de duelo nacional, que incluyó la suspensión del cumpleaños 69 del ex mandatario Kenneth Kaunda. Y un destrozado Bwalya voló a su patria para asistir al multitudinario funeral en el propio estadio de la Independencia de Lusaka. Él y su gente lloraban a los fallecidos, cuyos cuerpos estaban sobre el campo de juego. “Nunca vi tanta gente. Todos los cuerpos allí me hicieron pensar que no volveríamos a jugar. (…) Se acabó, no habrá más fútbol”, fue su triste reflexión.

Pero Kalusha no se quedó quieto y fue el líder del nuevo equipo, que de a poco se reconstruyó con chicos de la calle y de otras zonas del país. El danés Ronald Poulsen y el escocés Ian Porterfield fueron los técnicos, que realizaron concentraciones en Francia y Dinamarca. Y pronto la resurrección fue posible: el 4 de julio la renovada Zambia derrotó a Marruecos, su más fuerte rival al Mundial, 2 a 1 en el mismo estadio Independencia con goles de Kalusha y Joel Bwalya. El 7 de agosto jugó el fatídico partido con Senegal que igualó en cero, pero el 26 de septiembre goleó en la vuelta 4 a 0 y se puso arriba de los marroquíes por un punto, quedando a un empate de su sueño. Sin embargo y en polémico cotejo, los Leones del Atlas vencieron 1 a 0 con un cabezazo de Laghrissi y obtuvieron el pase a Estados Unidos. Bwalya y sus heroicos compañeros se fueron sin el objetivo. Pero habían ganado el más importante: el rendirles homenaje con su lucha hasta el final.

Dios quiso que un día esa recompensa llegara a la selección. En el verano de 2012, la nueva generación zambiana conquistó ante Costa de Marfil la Copa Africana de Naciones 8 a 7 por tiros desde el punto penal en Libreville, cerca del mismo lugar donde aquel grupo dejara su vida. Los campeones les dedicaron el título levantando los brazos al cielo, en un simbólico abrazo. Un campeonato no les iba a devolver a aquellos héroes. Pero era el regalo al alma de quienes no pudieron conocer la gloria en la cancha de la vida.

miércoles, 30 de abril de 2025

Tragedias Africanas: Sam Okwaraji

EPISODIO 1 [Por Diego Martín Yamus] Una tragedia deja su huella para siempre, en propios y extraños. Aunque sea de una sola persona y en el deporte, si ella es muy querida deja su efecto. El fútbol africano conoció y conoce muy seguido de ellas. Nigeria, una de las grandes potencias continentales, es uno que bien sabe de desgracias. Samuel Sochukwuma Okwaraji, uno de sus talentos en esos 80 muy buenos para las Águilas, tenía 25 años y había predicho que jugaría el Mundial de Italia de 1990. Pero ese corazón tan grande fue justamente el que lo traicionó y le impidió llegar a su sueño.
Nacido un 19 de mayo de 1964 en Orlu, estado de Imo, Sam (como era conocido) perdió a su padre a los tres años y fue criado por su madre, Lady Janet, hasta que a los 18 años viajó a Italia para estudiar derecho internacional. Al mismo tiempo, cuando nunca había jugado al fútbol en su país, fue reclutado por la Roma. Así empezó su vida de futbolista en 1984, pero al no adaptarse pasó al Dinamo Zagreb de Croacia y luego al Klagenfurt de Austria. De allí fue adquirido por el Stutgart alemán, que lo cedió al Ulm de la segunda germana. Fue en éste donde comenzó a hacerse notar como mediocampista ofensivo y talentoso. Tanto que fue lógica su citación a la selección, y su club pidió a la Federación 45.000 dólares para cederlo. Los dirigentes nigerianos juntaron la mitad del dinero y fue entonces que el jugador les protestó a sus directivos: "Soy un abogado que conoces, y firmé para jugar con determinadas condiciones. Pero no creo que haya incluido algún costo por servir a mi país. Tú o el club no pueden impedir que juegue para mi país. Déjame decirte, voy a representar a mi país en el Mundial de Italia, te guste o no”.

Con ese corazón amoroso por su patria, Samuel cumplió siendo parte en 1988 del equipo subcampeón de la Copa Africana de Naciones de Marruecos y de los Juegos Olímpicos de Seúl. Para ese tiempo se marchó del Ulm al K-Berchem de Bélgica, donde nada le impedía mostrar sus cualidades. Ni siquiera un estudio que había revelado un agrandamiento del corazón que le provocaba alta presión en la sangre.

En 1989 formó parte de las Águilas que intentaban volar hacia su primera Copa del Mundo. Nigeria venía bien ubicado en el Grupo C tras victorias sobre Gabón y Camerún, un empate de visita en Angola y una inesperada derrota en suelo gabonés. El 12 de agosto, las Súper Águilas recibía a los angoleños en el reabierto estadio Nacional de la antigua capital Lagos. Lo que tendría que ser una jornada de fiesta fue de dolor ya desde antes, cuando el recinto se colmó con alrededor de 100.000 personas, hubo aglomeraciones, empujones, corridas y cinco fallecidos. El encuentro se jugó y el local ganaba 1 a 0 con gol de otro inolvidable, Stephen Keshi.

Cuando iba hacia un final tranquilo, de repente el clima se enrareció y todo se fue al suelo. A los 81 minutos, Okwaraji sufrió un desmayo y a pesar de ser socorrido por sus compañeros, perdió la vida en la cancha. El genial Samson Siasia, titular ese día, reveló después: “Estaba jadeando y echando espuma. Tenía los dientes arenosos”. La noticia recorrió el mundo, desprovisto de redes sociales y ultratecnología, y llegó hasta Radio Continental de Buenos Aires, donde el colega Juan Yankillevich, que seguía en estudios centrales la información de las eliminatorias, se consternó al darla: “Espectadores fallecidos en las tribunas y en la cancha, un jugador de Nigeria. Así como suena”, informó esa fría tarde en Argentina.

Como si el destino estuviera prefijado negativamente, dos semanas más tarde la selección perdió ante Camerún y su sueño de Mundial, el mismo que Okwaraji deseaba alcanzar. Una autopsia arrojó que el mediocampista falleció por una insuficiencia cardíaca y congestiva. El presidente Ibrahim Babangida dispuso donar 50.000 dólares a la familia. Sam recibió de allí en adelante todo tipo de homenajes: en 2009 el gobierno colocó una estatua suya en el estadio Nacional, en su Orlu natal otro estadio fue rebautizado con su nombre, en 2019 Google lo recordó con un “doodle” en el que hubiera sido su cumpleaños 55, La Federación oficializó un apoyo económico de 30.000 nairas para las familias de jugadores que perdieron su vida actuando para el país. Hasta en 2024, se lanzó un torneo juvenil nacional, el Sam Okwaraji Memorial Football Competition. Nada pudo ni podrá, aunque corresponda, compensar ese enorme corazón con el que Samuel Okwaraji quiso engrandecer a su Nigeria.

viernes, 25 de abril de 2025

Presentación/ Tragedias Africanas

Hoy daremos comienzo a una nueva sección en nuestro sitio, otra vez con la colaboración de Diego Martín Yamus. Luego de La Historia de la Copa África, África en los Mundiales, África en los Juegos Olímpicos, Un País, una Historia y Glorias de África, nos centraremos en algunos de los momentos más duros y difíciles del fútbol africano, un fútbol que es sinónimo de alegría, color, talento y esperanza; pero que al mismo tiempo ha estado marcado por episodios profundamente dolorosos. 
En medio de la euforia de los estadios y los sueños colectivos, la tragedia ha irrumpido sin aviso: héroes que cayeron en la cancha, equipos enteros perdidos en el aire, estampidas que apagaron vidas en cuestión de minutos.

Hemos titulado la Sección como “Tragedias Africanas”, y el subtítulo que acompaña es “El lado más oscuro de la pasión”. Una sección que nace para recordar, no desde el morbo, sino desde el respeto. Para entender que el fútbol no es ajeno a la fragilidad humana, a las fallas estructurales o a los contextos sociales que atraviesan al continente. Recordar es también rendir homenaje. Porque cada una de estas historias forma parte del alma del fútbol africano, al igual que los goles de Drogba y Eto’o, los títulos de Al Ahly o las grandes actuaciones de Salah en Europa.

El fútbol también se construye con memoria, y por eso en cada capítulo te invitaremos a entrar, leer y recordar. Pronto tendremos al primer protagonista, que será el nigeriano Samuel Okwaraji, futbolista que murió a fines de los ochenta en pleno campo de juego. También tendrán su lugar el camerunés Marc-Vivien Foé, la tragedia aérea de Zambia en 1993, la masacre de Togo en Cabinda, Port Said o las varias estampidas mortales en estadios de Accra, Luanda o Abidjan, donde la pasión se volvió caos.