martes, 29 de septiembre de 2026

Tragedias Africanas: Marc Vivien Foé

[Por Diego Martín Yamus] Era una promesa de la cantera de Camerún y fue realidad. Ganó en su país y en el exterior. Representó a los Leones Indomables en grandes eventos, dos Mundiales por empezar. Hasta casi festeja un título con la selección en la recordada Copa Confederaciones. Esa Copa que en 2003 le arrebató a Marc-Vivien Foe una carrera exitosa, años aún por delante y lo más triste, su propia vida, que él había dado por su nación durante más de diez años.
El interesante mediocampista con mucha llegada al área había nacido el 1 de mayo de 1975 en la capital Yaoundé, adonde comenzó su historia futbolística a los 16 años. En 1991, era promesa del popular Canon, en el que debutó profesionalmente en 1993, cuando consiguió su primer vuelta con la Copa local. Además fue llevado a la selección Sub 20 que regresaba al Mundial respectivo en Australia; con Rigobert Song y David Embe de compañeros, Foe jugó los tres encuentros, marcó a Colombia y casi pasa de ronda. Enseguida el legendario técnico francés Hénri Michel lo tuvo en cuenta para ayudar al país a otra Copa, la de Estados Unidos 94, donde con sólo 19 fue titular en los tres partidos. Ese año fue fichado del Canon por el Lens francés, comenzando su estadía exterior, y allí obtuvo su primera gran alegría, la Ligue 1.

Pasó más de cinco temporadas en el Lens, donde campeonó en 1998; mientras, iba afirmándose cada vez más con la nacional, haciendo su primer gol en 1995 a Liberia y disputando la primera de sus cuatro CAN en Sudáfrica 1996. Iba a pasar al Manchester United para la 98, pero sufrió una fractura y por eso no pudo ir a Francia 98. Sí logró viajar a Inglaterra por primera vez, en 1999 en el West Ham United, pero al año siguiente retornó a Francia para engalanar al poderoso Lyon, al que contribuyó para uno de sus tantos campeonatos: la Copa de la Liga y la exigente Ligue 1. Eran años de pura gloria para Marc-Vivien, que además se consagró bicampeón continental con Camerún en las Copas de 2000 y 2002, ésta última donde el 7 de febrero hizo su último tanto para su patria en la goleada semifinal 3-0 al local Malí.

Gracias a estos dos títulos seguidos, Foe también había tomado parte en la extinta Copa Confederaciones de la FIFA. En Corea-Japón 2001 no pudo hacer gran cosa ya que el equipo salió en la primera fase. Pero dos años más tarde, en Francia en 2003, aquel chico de Yaoundé iba a ser figura de los Indomables, que hicieron una tarea sin precedentes al ser subcampeones de Francia, el equipo del momento. Así el recién cedido al Manchester City era pieza clave en la campaña de los del alemán Winnie Schaffer, y así arribó a aquel 26 de junio en el Stade Gerland de Lyon, donde en una de las semifinales enfrentaba a Colombia. Todo iba demasiado bien cuando el delantero Pius Ndiefi abrió el marcador a los nueve minutos, un 1-0 que se mantuvo para poner a los cameruneses en su primera decisión. Todo iba demasiado bien.

Pero a los 78 la tragedia, absurda, inoportuna, se presentó en Gerland. Foe sufrió una arritmia maligna y se desplomó sobre el campo, algo similar a lo acontecido con el nigeriano Sam Okwaraji. Raudamente los rivales colombianos Becerra y Patiño junto a los médicos de la FIFA intentaron reanimarlo durante casi 50 minutos, sin éxito. La autopsia reveló que el futbolista sufrió una hipertrofia en el ventrículo izquierdo de su corazón, problema hereditario. Él venía además de una gastroenterocolitis, por lo que su esposa, flamante madre hacía diez días, le recomendó que no jugara. En Radio Rivadavia de Buenos Aires, el responsable de estudios centrales Hernán Ramazzotti daba con dolor la nefasta noticia sin música.
A Camerún ya no le importaba mucho haber arribado a su primera final. Los compañeros del infortunado dieron todo por su memoria en esa cumbre que finalmente Francia les ganó 1 a 0. Muchos tributos se rindieron a quien estaba destinado a ser ídolo en el país: gran recibimiento a sus restos en Yaoundé, con presencia de sus amigos, camaradas de selección y familiares, más el presidente de la FIFA y el eterno de la nación Paul Biya. Lens y Lyon retiraron la camiseta 23 que usaba Foe, lo mismo que anunció el inglés Kevin Keegan, manager del Manchester City, en cuyo estadio se hizo un pequeño monumento. Tras la final ganada, Francia posó con una enorme foto suya. Catorce años después, Camerún ganó la Copa Africana de Naciones y también mostró una remera con el número 17, que él solía llevar en el combinado nacional. Nada fue más justo que el mediocampista recibió el Balón de Bronce al tercer mejor jugador de la fatídica Copa. Como se suele decir cuando uno es fanático de la actividad que hace, “me voy a morir haciendo esto o lo otro”. Y Marc-Vivien Foe, cuyo nombre se le otorgó con justicia a un galardón, murió haciendo lo que más le gustaba. Y de corazón. 

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