martes, 29 de septiembre de 2026
Tragedias Africanas: Marc Vivien Foé
martes, 4 de agosto de 2026
Tragedias Africanas: Abidjan 2009
EPISODIO 9 [Por Diego Martín Yamus] Si se repasa el archivo de artículos de esta sección, notarán que varias tragedias en África tienen que ver con avalanchas. Casualidad o causalidad, la falta de estructuras y de organización, derivadas en muchos casos de la pobre situación social del país en cuestión son el denominador común de las mismas, agravadas por intolerancia de hinchas o vandalismo. Como sea, todas y cada una de ellas han sido episodios que han dejado huella y mostrado el peor costado de la África futbolera. Como la ocurrida el 29 de marzo de 2009 en Abidjan, la antigua capital de Costa de Marfil, donde mucha gente fue a ver ganar a la selección ante Malawi en el arranque de la última ronda eliminatoria para el Mundial de Sudáfrica y terminó generando otro hecho luctuoso.
Costa de Marfil vivía la generación dorada de Didier Drogba, la que cuatro años antes había escrito la página más gloriosa de su historia al clasificarse sobre Camerún para Alemania 2006. Tras una sencillísima primera ronda ante Mozambique, Madagascar y Botswana, los Elefantes fueron a por su segunda entrada al Mundial ante el frágil combinado del sur. Y su gente fue con entusiasmo a seguirlos para que lo lograran. El entusiasmo se tornó en locura: varios quisieron acceder al estadio Félix Houphouet-Boigny sin entrada.
Y allí se desató la desgracia. La maldita secuencia de hechos de siempre: empujones 40 minutos antes, otros que nada tenían que ver atrapados y una policía que creyó calmar la situación arrojando gases lacrimógenos así como así. No calmó ni dispersó nada, sólo ayudó a lo peor: una avalancha que dejaría 19 vidas y 135 heridos. De la que Romaric N’Dri, el buen mediocampista del Sevilla y autor del primer gol del 5-0 final, contó que el grupo de futbolistas se enteró una vez finalizado el encuentro cuando el presidente de la Federación se los comunicó. Es que, increíblemente, el partido se llevó a cabo. Según lo informado a la TV estatal por el Ministro del Interior Desire Tagro por aquellos días, los aficionados se empujaron unos a otros poco antes del partido, lo que provocó el pánico y la estampida. "Empezaron a empujar para entrar porque el partido estaba a punto de comenzar y todos querían ingresar", dijo Tagro. Según los informes, tras los gases lacrimógenos contra parte de la multitud, parte de un muro del estadio se derrumbó durante la estampida.
Según el medio The Sowetan, poco antes de la tragedia -y en el marco de las Eliminatorias rumbo a Sudáfrica 2010- inspectores de la FIFA habían visitado el estadio y lo habían declarado seguro para partidos internacionales.
El perfecto arranque de los marfileños, primera escala de una clasificación casi sin líos, quedó de costado. Las autoridades deportivas del país decidieron reunirse para definir responsabilidades y estrategias a seguir. Mientras, la FIFA expresaba el típico comunicado de condolencias que no iba a volver atrás las consecuencias. Pero esta vez fue más allá y realizó una investigación minuciosa de la tragedia, que concluyó cuando el 22 de julio multó a la Federación con 47.000 dólares y anunció un fondo de 96.000 para las familias de los infortunados. Tampoco se podía hacer mucho más cuando la locura de la gente y la policía desbordó todo. Costa de Marfil ganó el grupo E y se clasificó al Mundial y a la Copa Africana de Naciones de Angola. Debió ser una jornada de pura alegría, pero por razones que no se pueden justificar fue todo tristeza.
Presentaciónmartes, 7 de abril de 2026
Tragedias Africanas: Ellis Park 2001
EPISODIO 8 [Por Diego Martín Yamus] El deseo de un hincha de ver un partido de fútbol en cualquier parte del mundo es uno de los elementos que le dan vida al deporte. Pero cuando ese deseo se transforma en locura todo se torna oscuro. Justo diez años después de la tragedia de Orkney en 1991 en el gran choque Kaizer Chiefs-Orlando Pirates, Sudáfrica vivió otra de peores consecuencias entre ambos colosos aquel 11 de abril de 2001 en el mítico Ellis Park de Johannesburgo, en el mejor encuentro de la fecha 29, en medio de una apasionante lucha por el título de la ya extinta NSL Premiership.
Como casi todas las versiones de un suceso así, la sobreventa de entradas fue la culpable del desastre; se informó de unas 90.000 personas en una cancha con 60.000 lugares de capacidad. Media hora antes del cotejo comenzaron los problemas cuando miles de hinchas sin boleto quisieron ingresar de cualquier forma, agrediendo a personal de seguridad. El jefe del operativo policial llamó urgente por radio pidiendo refuerzos, pero sólo agentes de una unidad cercana al barrio de Soweto donde se jugaba podían ir, mas tardaron mucho en llegar por el inoportuno gran tráfico en los alrededores. Mientras tanto, los alocados fanáticos siguieron ingresando y la Policía arrojó gases lacrimógenos tratando de dispersarlos. Sólo logró desatar lo peor: se produjo una avalancha donde la mayoría quedó aprisionada contra las vallas de alambre de púa que rodeaban al campo. Cuarenta y tres personas dejaron su vida y alrededor de 170 fueron heridas, mientras el partido fue suspendido en el minuto 33 cuando los Chiefs y los Pirates iban 1 a 1.
Todo empeoró con la demora de las ambulancias por el tráfico, con lo que quienes lograron huir de la trampa mortal fueron evacuados en helicóptero; incluso una ambulancia no pudo llegar porque el andamiaje de una cámara de televisión le cortó el paso. Muchas de las desgraciadas almas estaban tendidas en el césped tapadas con mantas, mientras se seguía solicitando desesperadamente ayuda por micrófono. El horroroso espectáculo era transmitido en vivo por la cadena estatal. Milton Nkosi, responsable de la BBC, describió: “Vi a personas atrapadas debajo de los pies de la multitud, algunos debajo de mis pies; desafortunadamente tuve que caminar por encima de otros para intentar escapar y salvar mi propia vida”.
Cuatro días más tarde, el 15 de abril, se realizó en el lugar de la tragedia una ceremonia de purificación de los cuerpos, a la que asistió el presidente Thabo Mbeki, otros políticos, jugadores y familiares de las víctimas. Justo en el momento en que, con la figura del ex mandatario Nelson Mandela como cara, Sudáfrica hacía campaña para organizar el Mundial 2010. El vocero de la FIFA, Keith Cooper, manifestó al respecto: “No debemos apresurarnos en culpar al país por este incidente, sólo porque es Sudáfrica”.
Finalmente, aquel torneo se lo terminaría llevando el Orlando Pirates. Y la figura de Mandela consiguió tres años después que la FIFA le diera al territorio el honor de ser el primero de África en hospedar el Mundial. Quizá fuera un homenaje a esas inocentes almas. Pero semejante triunfo sudafricano nunca puede hacer olvidar muertes de simples hinchas de fútbol, más allá de sus conductas. En las afueras del estadio, una placa conmemorativa con los nombres de los 43 aficionados fallecidos, no dejará nunca de recordar aquel día. Para que no vuelva a pasar...
domingo, 15 de febrero de 2026
Tragedias Africanas: Albert Ebossé
El estupor y la tristeza invadieron al fútbol del país. La Federación suspendió toda actividad y ordenó la clausura del estadio 1 November 1954, mientras la Confederación Africana (CAF) bajó al Kabylie de toda competencia internacional por dos años. Una autopsia reveló que Ebossé podría haber fallecido de un severo problema cardíaco y no de esa piedra. El entonces presidente de la CAF, el también camerunés Issa Hayatou, manifestó: “Mis pensamientos están con la familia y amigos de este joven que disfrutaba de su trabajo en paz y quiso ir un paso más allá para dedicarse a su pasión por el fútbol en el extranjero”. Mientras tanto, el periodista Maher Mezahi dijo: “En este momento todos los recuerdos de la Copa del Mundo se olvidan”, en referencia a la gran actuación de la selección en Brasil, la que llegó a octavos de final perdiendo en tiempo suplementario con el futuro campeón Alemania.
lunes, 1 de diciembre de 2025
Tragedias Africanas: Desastre en el Accra Sports Stadium (2001)
Faltando muy poco para el final, Hearts of Oak marcó dos goles y dio vuelta el marcador para imponerse 2 a 1. Eso motivó que los hinchas visitantes comenzaran a tirar butacas de plástico y botellas a la cancha. Enseguida actuó pésimamente la Policía, como sucede muchas veces, arrojando indiscriminadamente gases lacrimógenos y disparando balas de goma a la tribuna. Entonces ocurrió lo peor: los irritantes gases hicieron entrar a la gente en pánico, se produjo una avalancha y 127 inocentes perdieron la vida por asfixia o por compresión. Los que quisieron escapar encontraron para colmo las puertas cerradas. Y para colmo, el personal médico se había ido antes del lugar, según informes, porque restaba poco para el cierre.
El después de los luctuosos hechos apareció como siempre. El Instituto de Arquitectos de Ghana calificó al estadio de “trampa mortal”. Una investigación culpó el accionar de la Policía y, también, funcionarios deshonestos. Seis responsables del orden fueron acusados por las víctimas, pero un tribunal no los condenó al establecer que los decesos fueron por la estampida humana y no por los gases. Una comisión investigadora sugirió mejoras en las instalaciones de seguridad y en los servicios médicos (por suerte…) y que se crearan equipos de respuesta a emergencias en el territorio nacional.
El más apropiado paquete de medidas fue el de honrar las almas. El presidente ghanés John Agyekum Kufuor ordenó tres días de duelo, mientras la liga fue suspendida un mes. Enseguida comenzaron los homenajes con distintas actividades que siguen hasta hoy; una estatua de bronce fue puesta en el exterior del recinto, mostrando un hincha llevando a otro y la leyenda “yo soy protector de mi hermano”. Y quienes van frecuentemente al lugar donde Ghana fue campeón por primera vez cantan “nunca más, nunca más” por ese día. Un día en que ocurrió la tercera peor tragedia en la historia del país. Un día en que no debió haber ocurrido.
miércoles, 8 de octubre de 2025
Tragedias Africanas: Estampida en Camerún
EPISODIO 5 [Por Diego Martín Yamus] Por fin, Camerún iba a celebrar ser en 2022 la sede de la legendaria Copa Africana de Naciones, que por problemas de estructura no había podido concretar esos años. Aquel enero y febrero, el majestuoso estadio Omnisports Paul Biya, que debe su nombre al presidente de la nación, iba a ser uno de los escenarios de la fiesta. Pero la desgracia sacó entrada una noche y empañó con vidas el torneo, justo cuando el local ganaba ante Comoras en los octavos de final.
Los Leones Indomables, siempre candidatos, llegaban con sed de desquite a su CAN luego de ser campeones en 2017 y ser bajados por Nigeria en octavos de 2019. Por eso ese 24 de marzo había gran expectativa y una multitud colmó el nuevo recinto para verlos ante la gran revelación Comoras. El local venía con triunfo en el Grupo A y dos figuras notorias: Karl Toko Ekambi y el consagrado Vincent Aboubakar. En cambio su exótico rival entró por la ventana del Grupo C porque tras dos caídas, batió en emotivo cierre a Ghana y logró meterse entre los mejores 16. Pero estaba todo listo para ver una noche de puro festejo de los cameruneses.
La noche fue en cambio trágica. El cuarto encuentro de octavos en el Paul Biya debía comenzar a las 20 horas del país. Rato antes, se produjo una avalancha en la entrada Sur del estadio, inexplicablemente cerrada, y agentes de seguridad derivaron hinchas hacia otro portón de acceso para despejar el lugar. Pero justo los llevaron a otra entrada cerrada. De pronto les abrieron el portón, y allí la locura: los que estaban afuera empujaron a los que habían sido derivados y la nueva avalancha dejó ocho fallecidos y 38 heridos, siete en estado crítico.
Increíblemente, el show fue continuado y Camerún batió 2 a 1 a Comoras, con goles justamente de Toko Ekambi y Aboubakar, descontando M’Changama. Ni la victoria y el pase a cuartos ocultó ese doloroso cuadro. Mientras ese dolor teñía la Copa, la Organización Mundial de la Salud (OMS) manifestó que todo podía haberse evitado si los hospitales que recibieron a las víctimas estuvieran mejor entrenados para estos imprevistos y hubieran contado con un plan de manejo de la situación.
Biya, cuyo apellido llevaba el lugar, envió sus condolencias a las familias y ordenó investigar el hecho. La Confederación Africana (CAF) focalizó su propia investigación en quién cerró el fatídico portón sur; su presidente, el sudafricano Patrice Motsepe, opinó con dureza que la tragedia debió haber sido prevenida y tal pérdida humana nunca más ocurriría. Paradójicamente, días después el estadio, sancionado por la entidad, fue redimido de la medida y albergó la semifinal que precisamente Camerún perdió con Egipto por tiros desde el punto penal. Aquel 2022, más que nunca y desobedeciendo semejante dolor, el show del fútbol debió continuar.
martes, 12 de agosto de 2025
Tragedias Africanas: Port Said 2012
EPISODIO 4 [Por Diego Martín Yamus] A comienzos de los años 2010, una muerte de un joven en Túnez fue el detonante de una serie de revueltas sociales en el Norte de África y parte de Asia, recordada como la “primavera árabe”. La gente, harta de la mala situación social en varios países, empujó al final a los dictadores que la sometían. Todo quedaría en el ítem político. Desgraciadamente, el conocido fundamentalismo de esa zona llevó a que la primavera árabe generara una de las mayores tragedias del fútbol mundial. Esa primavera que era para liberación fue la que en Port Said (Egipto) se cobró la vida de 74 inocentes que sólo iban a ver un partido de fútbol, aquel nefasto 1 de febrero de 2012 entre Al Masry y el supercampeón del continente Al Ahly.
Las agitaciones comenzaron, se considera, el 17 de diciembre de 2010 cuando el joven vendedor ambulante Mohamed Bouazizi fue despojado por la policía de su mercadería y su dinero, y decidió inmolarse. El pueblo se levantó en protesta y tras su muerte, logró la renuncia del presidente Ben Ali, que gobernaba desde 1987. En otros lugares el triste hecho produjo un contagio y así el reclamo popular bajó del pedestal al libio Muamar Al Gaddafi, al sirio Bashar Al Assad, al líder en Yemen Ali Abdullah Salehy al argelino Abdelaziz Buteflika. Y en Egipto, aquel febrero de 2011 una gran masa se manifestó en la plaza de Tarir en El Cairo para destituir a Hosni Mubarak, mandamás desde 1981. Entre esa masa había muchos hinchas del Al Ahly, algunos gestores de la protesta, que dio resultado con la renuncia de Mubarak días más tarde. Supuestamente la paz volvía a esa tierra. Pero gente de otro popular club, Al Masry de Port Said, pensaba totalmente distinto. Y pensar distinto en estos países puede ser letal. Como lo sería menos de un año después en el estadio de esa ciudad, en el partido por la liga local de primera división.
Los locales y partidarios del depuesto Mubarak orquestaron todo para la catástrofe. Dos días antes del encuentro, subieron a YouTube una canción amenazante contra su rival. Ya ese miércoles, el mismo se demoró en arrancar media hora cuando invadieron adrede el campo, lo que repitieron en el entretiempo y, luego del primer gol visitante, en los tres de su equipo. Al mismo tiempo tiraron piedras y botellas, y hasta uno entró con una bengala. El árbitro decidió interrumpir las acciones, pero luego las reanudó. Al Masry dio vuelta el marcador con dos goles antes de los 83 minutos y varios fanáticos ingresaron detrás del arco de Al Ahly. El técnico portugués de los Diablos Rojos, Manuel José, advirtió a sus suplentes y ayudantes: “Ni bien pita el juez corremos al vestuario”. En tiempo agregado el ganador marcó el 3-1 final. Final del fútbol, comienzo de la pesadilla hecha realidad. Los enloquecidos hinchas volvieron a invadir la cancha y persiguieron a los visitantes tirándoles botellas y bengalas. Los futbolistas y sus entrenadores lograron llegar protegidos por la Policía, mientras los de Al Masry arremetieron contra los de Al Ahly y los asesinaron con cuchillos y palos, o arrojándolos de las tribunas, mientras los que querían escapar se toparon con las puertas cerradas y fallecieron por asfixia. No conformes con cometer sus locuras en el estadio, otros fueron detrás de las ambulancias que llevaban heridos al hospital, las abrieron y les quitaron la vida. El desastre se llevó 74 personas, 72 visitantes, un policía y uno del local, y entre 500 y 1000 heridos.
Un argentino fue triste testigo presencial de todo: Oscar Elizondo, un cordobés ayudante de Manuel José, era encargado de filmar los partidos para analizar los rivales. Esa noche José le pidió no hacerlo. Y cuando fue el cierre, corrió junto a los suyos y recibió un puntapié y cayó, pero se levantó y continuó al vestuario, no sin sentir una piedra que le rozó la cabeza. Estuvo con el plantel encerrado tres horas en el camarín ocupado por unos 500 hinchas visitantes y debió meterse en el baño a hablar con medios argentinos que lo llamaban a su teléfono; mientras tanto, cuatro jóvenes fallecían frente al plantel. Horas más tarde la delegación se fue en una tanqueta militar y luego un avión de ese rango los dejó en El Cairo.
El luctuoso hecho no sólo se cobró vidas inocentes, perjudicó al fútbol de Egipto, el país más ganador de África. Se suspendieron este y el siguiente campeonato. El primer ministro Kamal Ganzuri disolvió la Federación y removió al gobernador de Port Said. El presidente del Al Ahly Hassan Hamdy suspendió toda actividad deportiva, anunció no jugar más en Port Said por cinco años y 40 días de duelo, además de abrir una cuenta bancaria para compensar materialmente a las familias de las víctimas. Manuel José renunció y contó que vio un cartel en la tribuna local que decía “los vamos a matar a todos”. Criticó a la policía y al árbitro por no parar el partido. También el presidente del Al Masry, Kamel Abu Ali, y el entrenador, el glorioso Hossam Hassan, dimitieron. Otros tres grandes del fútbol egipcio, Mohamed Aboutrika, Mohamed Barakat y Emad Moteab, figuras del Ahly, decidieron retirarse. El mandatario de la FIFA Joseph Blatter envió condolencias a las familias y declaró “hoy es un día negro para el fútbol”. Mucho más ligeramente, el capitán del Masry Karim Zekri y su hermano Mohamed acusaron a la policía, los militares y el ex régimen por incitar a la tragedia, argumentando falta de controles en el acceso, luces apagadas y puertas cerradas del estadio.
Días después, Elizondo debió consultar a su psicóloga, Patricia Ramírez. Ésta le recomendó: —Cuánto antes denles descanso a los jugadores, traten de sacarlos de ese entorno y no hablar del tema hasta que estén más tranquilos. Deben tratar de evitar los síntomas del síndrome de estrés postraumático”. No era suficiente; su esposa Laura contó que él no podía dormir bien. Oscar describió: “Es que esos minutos en el vestuario fueron los peores de mi vida. Nunca había tenido la sensación de pánico que te hace reaccionar de forma casi instintiva. Fue horrible ver la gente ensangrentada, herida, oírla gritar. Son imágenes que me quedarán grabadas por siempre.” Y agregó: “Y cuando vi las imágenes del tren llegando con los cadáveres a El Cairo tomé real dimensión de lo que nos habíamos salvado. Pero ese tren con cadáveres no fue lo más duro, lo más duro fue ir dando el pésame padre por padre de cada una de las víctimas en el velatorio oficial que organizó el club.” Poco después se fue a su residencia en Chiclana de la Frontera, España: “Me agarró un bajón. Se me juntaron la ansiedad de querer volver a trabajar con la hipersensibilidad que me había quedado después de la tragedia. Lloraba por cualquier cosa”. Sin embargo, Elizondo manifestó entonces sus ganas de regresar a Egipto: “Volvería con los ojos cerrados. Me siento con ganas de volver. Lo que pasó ese día no empaña mi paso por Al Ahly sino que ahonda mi sentimiento para con el club”.
El 26 de enero de 2013, un tribunal de Port Said condenó a pena de muerte a 21 personas y a otras a diversas penas en prisión. Manifestantes protestaron al día siguiente y hubo 30 fallecidos y varios heridos en enfrentamientos con la Policía. Egipto vivió la peor derrota de su riquísima vida, sólo por el hecho de que unos pensaran diferente de otros. Todos los años, Al Ahly realiza un recordatorio de esos inocentes cautivos de aquella primavera árabe que supuestamente era de liberación. Y pensar que su gente entona en cada encuentro un cántico que dice: “El día que te deje de apoyar será sin dudas porque estaré muerto”. Una real tragedia, mucho peor que una derrota en un partido de fútbol.
lunes, 30 de junio de 2025
Tragedias Africanas: Togo 2010
jueves, 29 de mayo de 2025
Tragedias Africanas: Zambia 1993
miércoles, 30 de abril de 2025
Tragedias Africanas: Sam Okwaraji
Con ese corazón amoroso por su patria, Samuel cumplió siendo parte en 1988 del equipo subcampeón de la Copa Africana de Naciones de Marruecos y de los Juegos Olímpicos de Seúl. Para ese tiempo se marchó del Ulm al K-Berchem de Bélgica, donde nada le impedía mostrar sus cualidades. Ni siquiera un estudio que había revelado un agrandamiento del corazón que le provocaba alta presión en la sangre.
En 1989 formó parte de las Águilas que intentaban volar hacia su primera Copa del Mundo. Nigeria venía bien ubicado en el Grupo C tras victorias sobre Gabón y Camerún, un empate de visita en Angola y una inesperada derrota en suelo gabonés. El 12 de agosto, las Súper Águilas recibía a los angoleños en el reabierto estadio Nacional de la antigua capital Lagos. Lo que tendría que ser una jornada de fiesta fue de dolor ya desde antes, cuando el recinto se colmó con alrededor de 100.000 personas, hubo aglomeraciones, empujones, corridas y cinco fallecidos. El encuentro se jugó y el local ganaba 1 a 0 con gol de otro inolvidable, Stephen Keshi.
Cuando iba hacia un final tranquilo, de repente el clima se enrareció y todo se fue al suelo. A los 81 minutos, Okwaraji sufrió un desmayo y a pesar de ser socorrido por sus compañeros, perdió la vida en la cancha. El genial Samson Siasia, titular ese día, reveló después: “Estaba jadeando y echando espuma. Tenía los dientes arenosos”. La noticia recorrió el mundo, desprovisto de redes sociales y ultratecnología, y llegó hasta Radio Continental de Buenos Aires, donde el colega Juan Yankillevich, que seguía en estudios centrales la información de las eliminatorias, se consternó al darla: “Espectadores fallecidos en las tribunas y en la cancha, un jugador de Nigeria. Así como suena”, informó esa fría tarde en Argentina.
Como si el destino estuviera prefijado negativamente, dos semanas más tarde la selección perdió ante Camerún y su sueño de Mundial, el mismo que Okwaraji deseaba alcanzar. Una autopsia arrojó que el mediocampista falleció por una insuficiencia cardíaca y congestiva. El presidente Ibrahim Babangida dispuso donar 50.000 dólares a la familia. Sam recibió de allí en adelante todo tipo de homenajes: en 2009 el gobierno colocó una estatua suya en el estadio Nacional, en su Orlu natal otro estadio fue rebautizado con su nombre, en 2019 Google lo recordó con un “doodle” en el que hubiera sido su cumpleaños 55, La Federación oficializó un apoyo económico de 30.000 nairas para las familias de jugadores que perdieron su vida actuando para el país. Hasta en 2024, se lanzó un torneo juvenil nacional, el Sam Okwaraji Memorial Football Competition. Nada pudo ni podrá, aunque corresponda, compensar ese enorme corazón con el que Samuel Okwaraji quiso engrandecer a su Nigeria.